Ni una cerilla, ni un descuido. El incendio originado el pasado viernes en el Saler se produjo por un rayo dormido caído en el interior de un árbol. Un fenómeno poco habitual, pero que ya ha producido varios fuegos en los últimos años.
A principios de la semana pasada un rayo provocado por una tormenta seca cayó en el árbol izquierdo junto a la zona del mirador donde se produjo el fuego. Allí permaneció varios días mientras vecinos y turistas paseaban por las inmediaciones para acceder a la playa. Nadie podía imaginarse que en el interior del tronco la temperatura iba aumentando y el árbol explotaría como una bomba de relojería.
El rayo fue combustionando poco a poco las raíces del árbol debido a la falta de oxígeno que había en el interior. Las llamas fueron calcinando las entrañas del pino hasta que alcanzaron la corteza y la desprendieron generando la sudoración de la resina. «Aunque parezca un fenómeno extraño, es un efecto muy determinante y la reacción es inmediata. El aire entra en el árbol y alimenta la resina generando fuego que sale al exterior y surge con toda virulencia el incendio», explicó ayer Antonio Rivera, experto en clima y medioambiente.
En cuanto las llamas salieron al exterior del árbol, el fuego se propagó por las 2,5 hectáreas, aunque tras los estudios realizados ayer se observa que la afección apenas ha llegado a una hectárea porque hay puntos poco dañados.
Las conclusiones a las que han llegado los peritos tras investigar los hechos y determinar que fue un rayo el causante del fuego han sido posibles gracias a las cámaras de infrarrojos de última generación que cubren el parque natural.
El concejal de Bomberos, Miquel Domínguez, solicitó una mejora en las cámaras ya instaladas para garantizar la eficacia en el parque. Los cuatro nuevos sistemas detectan cualquier alteración significativa en la temperatura y así comprobaron cómo el árbol generaba un foco de calor mucho mayor.
En el mismo momento en el que una mujer llamaba al retén de bomberos y daba la voz de alarma, las cámaras de infrarrojos también anunciaban la propagación de las llamas y en apenas cinco minutos un despliegue con 45 bomberos municipales, cuatro brigadas forestales de la Diputación, tres de la Generalitat, 17 agentes de la policía local y 10 de la Guardia Civil se personaron en el Saler para frenar el incendio en un tiempo récord.
El incendio se originó a las 16.40 horas del pasado viernes y a las 18.10 quedó confinado, pero debido a la virulencia del fuego por la frondosidad de la masa forestal fue esencial la incorporación de los medios aéreos para conseguir su extinción total.
A las 18.40 horas quedó controlado. En apenas 120 minutos todos los efectivos lograban acotar las llamas a pesar de que fue saltando de copa en copa. El fuego no se daba por extinguido hasta las 19 horas del domingo.
Tras la labor inmediata de los agentes, ahora queda otra no menos importante: la regeneración.
Las críticas en el sistema aplicado por los técnicos de la Devesa-Albufera no han tardado en aparecer. Son muchos los que consideran que se debería limpiar el parque y retirar los arbustos, sin embargo desde el Ayuntamiento se defendió ayer esta forma de trabajo como la más idónea. «El parque natural del Saler tiene esta categoría precisamente por su diversidad en vegetación y pinos. Por tanto, todo es parque y todo se debe proteger», comentó ayer el portavoz de la concejalía de la Devesa-Albufera.
Otra de las razones esenciales por las que se aplica este sistema en e l parque es para evitar la erosión de la zona. «Si elimináramos los matorrales, se quedaría desnuda la zona y se generaría una gran erosión por el efecto del viento y el mar», matizaron.
Desde el Ayuntamiento se reconoció ayer que este sistema de regeneración natural en el parque puede que genere un mayor riesgo de fuego, «pero sin duda, su propagación por la zona es mucho más lenta. Además, sería imposible limpiar todo el área afecatada. Se necesitaría un personal similar a todos los jardines juntos de la ciudad y son muchos», concluyeron las mismas fuentes.