Los países balleneros, en especial Japón, camuflan la captura de grandes ballenas bajo el disfraz de caza científica. La excusa de estudiar mejor los hábitos de las especies ha terminado con la vida de casi 20.000 ejemplares. Muchos de ellos son especies amenazadas, como el cachalote, el rorcual aliblanco o el rorcual norteño, este último en peligro de extinción.
Hoy en día los métodos científicos para el estudio de los cetáceos se basan en otras técnicas, como la biopsia de tejidos, que aporta muchos más datos a los investigadores, sin necesidad de sacrificar al animal.
Por otra parte, los informes que tratan de respaldar el argumento de que las ballenas devastan los mares, alimentándose de grandes cantidades de pescado apto para el consumo humano, no son aceptados actualmente por ninguna publicación científica internacional. La Unión Mundial para la Naturaleza (UICN) adoptó el pasado año una resolución que evidenciaba el hecho que las ballenas no tienen nada que ver en el declive actual de los bancos de pesca.
La realidad de esta situación insostenible es que Japón encubre la captura comercial bajo el pretexto del estudio, para poder burlar así la moratoria oficial a la caza de ballenas de 1986. Este asunto es uno de los que se abordan hoy en la Comisión Ballenera Internacional que está teniendo lugar en Madeira (Portugal).
Para conocer más datos, ver el documento completo:
http://assets.wwf.es/downloads/ciencia_irresponsable_caza_irresponsable__espanol_.pdf