En su reciente libro, Eduardo Punset nos invita a un viaje hacia el optimismo con la idea de que cualquier tiempo pasado fue peor. Yo, que me considero un optimista, encuentro que los mensajes positivistas sin una argumentación convincente tienen el efecto contrario al deseado y por ello busco con cuidado las razones para una mirada optimista ante lo que se ve como un turbio futuro.
Después del ejemplo de cena sostenible con pescado local que nos brindó a bordo del Rainbow Warrior el chef Diego Guerrero, con 2 estrellas Michelín, toca dar una de cal para despedir el año.
Greenpeace critica que la nueva propuesta de la Comisión Europea del plan de subvenciones pesqueras –el European Maritime and Fisheries Fund– no ha dado el giro necesario para apoyar la pesca sostenible, ni el futuro de las pesquerías, y contribuye a que se mantenga el descontrol que hasta el momento ha regido los subsidios pesqueros. Este instrumento es fundamental para el futuro de los océanos, ya que revisa cómo se asignarán los subsidios para la pesca en los próximos 10 años.
El hielo del Ártico es cada vez más delgado y su extensión, menor. A finales de este verano la capa marina congelada cubría 4,34 millones de kilómetros cuadrados, una superficie que se quedó muy cerca del récord histórico de mínimos, el de 2007. Pero los científicos sospechan que, en realidad, se superó esa marca, que la situación fue peor que hace cuatro años por cantidad total de hielo, ya que ahora es más delgado.
Los pescadores catalanes preparan un polémico circuito turístico por sus granjas de engorde en la costa de Tarragona. Las organizaciones ecologistas promueven un boicot al consumo al considerar a la especie amenazada.
Nada tan grande como el abismo: ese ciego mundo, hundido por debajo de los mil metros de profundidad en los océanos. Una inmensidad que obliga a reflexionar sobre el hecho de que también, en nuestro diminuto planeta, lo sin casi nada supera a...
Los bancos de peces se mueven como si fueran un único organismo. Están compuestos por miles de peces y sin embargo sus movimientos están perfectamente organizados y sincronizados. ¿Cómo lo hacen?
La pérdida de biodiversidad marina avanza a un ritmo sin precedentes. Casi 80 por ciento de los recursos pesqueros mundiales son explotados a pleno o en exceso, o directamente están agotados, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).
Salvemos los mares y su fauna irrepetible. Nos duele el sobrepeso de las redes de los grandes y sofisticados barcos pesqueros. Nos duelen las miles de toneladas de atún de más que estos grandes buques llevan en sus panzas. Ahora es momento de cuestionar una actividad que amenaza el equilibrio ecológico de los mares. Es hora de desplegar una urgente pancarta que a menudo blande Greenpeace: “No fish, no future”. Es momento de abordar la sobreexplotación de los recursos pesqueros por parte de grandes buques de todo el mundo, abuso que se hace más patente en las aguas de difícil control.
Tanto el incremento de CO2 como el aumento de acidificación se han disparado desde finales de 1700. Sin embargo, la acidificación de los océanos que ahora empezamos a comprender no es un fenómeno nuevo. Sabemos que hace 55 millones de años, en el llamado Máximo Térmico del Paleoceno-Eoceno, los mares eran bastante más ácidos que ahora, lo que produjo la desaparición de muchas plantas y animales marinos de nuestro planeta.